miércoles, 13 de noviembre de 2013

Guerras Púnicas

Este es el apunte de las Guerras Púnicas


Las Guerras Púnicas fueron una serie de tres guerras que enfrentaron entre los años 264 a. C. y 146 a. C. las dos principales potencias del Mediterráneo de la época: Roma y Cartago.

La causa principal del enfrentamiento entre ambas fue el conflicto de intereses entre las existentes colonias de Cartago y la expansión de la República de Roma.

Al final de la Tercera Guerra Púnica, tras la muerte de centenares de miles de soldados en ambos bandos, Roma conquistó todas las posesiones cartaginesas y arrasó la ciudad de Cartago.

La Segunda Guerra Púnica (218 a. C.-201 a. C.) es la más conocida de las tres, por producirse durante la misma la famosa expedición militar de Aníbal contra Roma cruzando los Alpes: partiendo desde el sur de Hispania, Aníbal condujo a su ejército hacia el norte, cruzó los Alpes e invadió la Península Itálica desde el norte, derrotando a todas las fuerzas que la República de Roma lanzó en su contra. Se mantuvo con su ejército en Italia durante dieciséis años; Aníbal no era capaz de poner Roma bajo asedio por no disponer de suficientes hombres, ya que el cruce de los Alpes y las batallas posteriores supusieron la pérdida de gran parte de sus soldados y elefantes de guerra. Roma no supo expulsar a Aníbal de Italia, por lo que trasladó la guerra a Hispania confiando en que de está manera Aníbal tendría que trasladarse fuera de Italia para combatir – Esto no sucedió.
Sólo hasta que los romanos llevaron la guerra a Cartago, Aníbal se vio forzado a salir de Italia. En Cartago, Aníbal perdió frente a los romanos en la famosa batalla de Zama.

Aunque la Hispania romana fue fundada tras la Segunda Guerra Púnica; cabe añadir que los romanos no llegaron a este lugar con el fin de conquistarlo, sino con el único objetivo de expulsar a los cartagineses.

Al finalizar la Segunda Guerra Púnica en Hispania, Escipión fundó una ciudad a la que llamó Itálica (Santiponce, provincia de Sevilla) destinada a servir de hospital para los heridos durante los últimos enfrentamientos; dando así el primer paso de lo que sería una ciudad de tipo romano. Sin embargo, tuvieron que transcurrir algunos años para que Roma decidiera intervenir de modo sistemático en las ciudades de Hispania. Fueron aproximadamente ocho años de paz para ésta. En el 198 a. C., Roma se asentó en Hispania de manera permanente, cosa que fue un disgusto para los pueblos indígenas de la Hispania; quienes se dieron cuenta de que Roma no iba únicamente con las intenciones de expulsar a los cartagineses. Tras este asentamiento, los tributos del Imperio romano se elevaron. Anteriormente, en el 205 a. C., Hispania había sido nombrada como parte del territorio romano; sin embargo, hasta el 197 a. C., comenzaron las primeras acciones administrativas; pues, se dividió a Hispania en Ulterior —comprendía inicialmente el valle del Guadalquivir, aunque posteriormente incluyó toda la parte occidental de la península Ibérica— y Citerior —en la actual Andalucía.
La lucha por el control total de la Península Ibérica duró aproximadamente doscientos años hasta que, el 19 a. C., los romanos lograron aniquilar a los últimos «residentes» del territorio: los cántabros y astures.

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